viernes, 26 de agosto de 2011

¿Llueve?


Llevo varios días que me levanto de mal humor. Estoy en la cama. Suena el primer despertador. Después suena el segundo despertador. Cuando estoy lo suficientemente consiente, lo cual sucede al cabo de unos 10 ó 15 minutos, planto la oreja…Pienso, no por favor, un día de tregua, please…Pero nada, todos los días de la semana me levanto con mi gozo en un pozo al oír que llueve…Así que bueno, teniendo en cuenta que el camino que tengo que recorrer está sin asfaltar, tengo que vestirme para la ocasión, con mis botas de agua, paraguas…aún así no hay día que no llegue con barro al trabajo, lo cual es bastante fastidioso. De echo estos días estaba tan rabiosa que yendo por el camino de barro, casi me pongo a saltar de charco en charco, como si tuviese una pataleta de niña pequeña, gritando “porqué llueveeeee” , jeje. Y la verdad es que mientras voy andando por ese caminillo, con los riachuelos de barro, los charcos, con mi paraguas y diluviando….y me imagino chapoteando mientras los etíopes me miran con cara de asombro...me hago sonreír (cuando no reír) a mi misma. Es entonces cuando acabo concluyendo que el hecho de que llueva no tiene porqué condicionarme a la hora de estar de buen o mal humor, que lo que nos rodea nos afecta, evidentemente, pero lo más importante es la percepción que nosotros mismos tengamos de la realidad. Todo depende de con que ojos lo miremos, si se mira desde el prisma positivo o desde el negativo, y lo mejor de todo es que está en nuestras manos, nosotros podemos hacer que salga el sol incluso en los días de espesa lluvia.

viernes, 19 de agosto de 2011

Descubrimientos


Muchos días hace que no escribo. La verdad es que fuera de lo rutinario, no tengo nada demasiado relevante que contar…Supongo que es porqué de momento la experiencia no está siendo tan intensa, las cosas se suceden muy lentamente, un día detrás de otro, sin nada muy destacable que contar…

Tengo una lista de cosas que quiero hacer: una de las primeras es aprender amárico. Pero no aprender el idioma como tal, sino aprender a comunicarme en amárico. No quiero leer, no quiero escribir ya que el alfabeto es distinto al nuestro, y aunque hay quién me ha comentado que es bastante fácil aprenderlo, prefiero hacerlo “d’anar per casa”, es decir, un poco de presente, un poco de pasado y un poco de futuro, vocabulario básico para hacer la compra, tomar un taxi, etc. De momento aprovecho mis trayectos en taxi para ir preguntándole palabras al taxista. El otro día íbamos de camino a la zona de Bole, y se me vino a la cabeza algo que siempre despierta mi curiosidad: bueno, resulta que mientras estoy en casa, de vez en cuando se oyen gritos. Habitualmente es una voz masculina, y emite un sonido imposible de transcribir con exactitud, pero para que os hagáis una idea es algo así como “wueeap”. Las primeras veces que lo escuché pensé que sería algún loco, pero luego ya me fijé y los gritos se sucedían y procedían de personas distintas, así que ya descaré lo del loco. Pues bien, resulta que son vendedores ambulantes, que van gritando aquello que llevan para vender (pues para que lo identifiquéis con algo, es algo parecido a lo que hace, o hacía, el afilador por los pueblos). El tema es que se lo pregunté al taxista: “Nati (es el nombre del taxista, es diminutivo de Nathael, y es un hombre…y sí, también sabe que en España Nati es nombre de mujer, lo cual no es mucho de su agrado…), I have a question: there is a man shouting on the streets something like “wueeeap”, what’s that?”. Le costó un poco saber a qué me refería, pero al darse cuenta ya os podéis imaginar la risa que le entró, jeje. Y fue así como aprendí que “mulwuea” quiere decir fregona, y “metrekya” quiere decir escoba.

Sandra

sábado, 6 de agosto de 2011

Dejarse llevar


Es curioso como poco a poco ya me estoy fijando en muchas cosas a las que antes no prestaba atención, por haber estado entretenida aprendiendo a vivir y a trabajar en Addis.

Mucha gente me ha comentado que los y las etíopes tienen un carácter bastante introvertido. No es que haya podido hacer demasiadas observaciones al respecto, pero lo que sí es cierto que tengo una primera impresión acerca de ello. No sé si será acertada o no, pero vamos, que si no lo es, ya iré corrigiéndome a lo largo de mis relatos, ¿no?

Pues creo que son introvertidos, sí, son también personas que se sienten muy orgullosos/as de ser etíopes, de su historia, de sus tradiciones y costumbres, etc...y la primera sensación es que son algo distantes, al menos con los extranjeros...Por el clima que estamos teniendo estos últimos días (que está siendo variado entre lluvia, lluvia y más lluvia), podría decirse que son como los nórdicos de África, en el sentido que su carácter se ve condicionado por la climatología (frío, ausencia de sol desde las 18h, lluvia, etc) pero solamente es una observación personal y sesgada, jeje, ya que según dicen la temporada de lluvias solamente dura tres meses, así que lo más seguro es que luego haga sol, o al menos eso espero.

Pero a pesar de esta conclusión tan general y probablemente falsa, estos últimos días he tenido varias muestras de cariño y complicidad por parte de la población local. La primera de ellas fue un día al ir a trabajar. Estaba esperando el minibus en la carretera (una especie de circunvalación que rodea la ciudad) y todos los que paraban iban llenos y no cogía ninguno. De pronto, un autobús grandote se para, y abre la puerta justo en frente de mi. El conductor me hizo una seña con la mano de “súbete”, y para allá que me fui. Una vez montada, me dijo la dirección en la que iba, yo le dije mi parada y me dispuse a pagar (saqué más dinero de lo normal porqué creí que al tratarse de un autobús más grande, pues sería más caro...) pero mi sorpresa fue que no me quiso cobrar! Insistí, porqué no me parecía justo, pero no hubo manera. Lo único que me pidió fueron las gracias, así que le dediqué un “amasa guenalo” (muchas gracias en ámarico) y me bajé.

Al día siguiente al salir de casa, me encontré a la sobrina de la mamite de la casa en la que estoy alojada provisionalmente. Curiosamente íbamos las dos a coger un minibús para ir a nuestros respectivos trabajos. Hablamos todo el camino, y me pareció encantadora. Nos montamos las dos en el minibús, y tampoco me dejó pagar! Me invitó al trayecto del minibús, algo poco habitual...

La gente suele decir que no es normal, que estoy teniendo suerte...de momento, prefiero dejarme llevar y experimentar y descubrir las cosas por mi misma.

Besotes

Sandra